miércoles, 27 de abril de 2016

Coincidencia

La coincidencia, por definición, es la ocurrencia de dos personas o cosas en un mismo espacio, aunque también puede atribuirse a la igualdad de intereses. La coincidencia, tomándola como un ente con vida propia, es un tanto ambigua: logra atraer o aburrir. La sensación de estar en la misma sintonía, despierta en uno y en otro un interés único. Sin embargo, puede llegar a tornarse tedioso el hecho de concordar; figúrese: si en una conversación, dos personas tienen la misma opinión, seguramente esa charla no supere el minuto. En cambio, si la coexistencia radica en los gustos o en las pasiones, la relación gana armonía y fomenta la fascinación.
El problema está cuando un hombre transita la misma frecuencia que una hermosa mujer. Si el motor de ambas vidas -léase las pasiones y los sueños- coinciden, probablemente desencadene en el enamoramiento. Ahora bien, si ambas personas están cerradas a enamorarse por la razón que fuese, la coincidencia también diría presente y ahí estará la otra cuestión: queremos lo mismo, sentimos lo mismo, nos une lo mismo. La coincidencia lleva a la unión, en el ámbito que sea y por más opuesto que resulte. Por ejemplo, cuando un equipo de fútbol coincide en aspiraciones, termina por formarse un grupo unido que pregona por determinado fin.
Si hay un pacto entre dos, por más tácito que sea, hay una coincidencia; hay una unión. Este puño sensible admite temerle a las coincidencias, como así también a las mujeres hermosas. ¿De dónde viene ese temor? Siguiendo con la lógica de que el miedo es la vara con la que se mide la magnitud de nuestras acciones, el pánico a las coincidencias podría suponerse como el miedo a enamorarse por el simple hecho de corresponder, aunque no haya pavor más ridículo que ése.
Se cree, vulgarmente, que la coincidencia es algo casual, un hecho no premeditado. Hay que desmitificar ésto, ya que cuando de dos personas se trata, es fácil determinar que a una le atraen los valores de la otra y, en el mejor de los casos, viceversa. Si coincidimos en que Gago es más tierno que el gato con botas, podríamos notar una igualdad de pareceres: los dos pensamos que es frágil porque el concepto de fragilidad reconoce una falta de entrega o una inexistente determinación en momentos límites. Quizá otros piensen que fue casualidad que el mismo jugador -siete meses después- repita la lesión en un partido muy similar, cuando todavía no entraba en la verdadera acción. Quien inocentemente crea en que la coincidencia es hermana de la casualidad, seguramente prenda la televisión para no indagar acerca de este mundo en el que -por suerte o por desgracia- habita. La coincidencia va más allá; busca entrelazar dos cabezas en pos de una idea o una suerte de verdad. La verdad nadie la tiene comprada, seguramente se deba a que nadie la haya vendido, aunque muchos inviertan en vender sus verdades para que otros, como escapatoria o falsa satisfacción, terminen por comprarlas.
Eso es la coincidencia: el reflejo de dos almas en los mismos valores; la unión de dos mentes en búsqueda de la libertad. La libertad está en nuestras cabezas, será un placer coincidir con alguien que así lo crea.  

lunes, 4 de abril de 2016

Dime como vistes y te diré como juegas

Si bien es uno de los prejuicios más grandes de este mundo, creo poder definir a una persona por como viste o por su forma de andar. Probablemente sea fácil si esa persona se encuentra en algún extremo, mas no si está en el medio de la brecha, aunque en ambos casos no sea determinante mi razonamiento. Para evitar eventuales actos de reprobación -hasta incluso alguna agresión-, pasaré a explicar el por qué. Si alguien tiene chofer, es sencillo etiquetarlo de “cómodo” debido a que su economía se ve reflejada en que otro lo lleve a donde quiera. En cambio, y siguiendo con el mismo ejemplo, el conductor necesita trasladarlo para vivir día a día, aunque no lo soporte.
Al igual que en casi todas las experiencias de la vida, estas acciones pueden verse en el fútbol. Si un jugador calza botines blancos y usa una vincha para que el pelo no le obstaculice la visión, seguramente estemos hablando de un pecho frío con técnica que podrá gambetearse a dos contrarios, pero que jamás se tirará al piso ni aparecerá en los partidos claves. Caso contrario, un defensor central escaso de pelo y con las medias bajas, pronostica que la patada más baja la dará a la altura del pecho del futbolista con una banda elástica en el pelo.
Los botines pueden ser un fiel reflejo de lo que uno es en la vida: el que se pone botines de color flúor, es un tipo con personalidad o un ridículo. El que prefiere el cuero negro con lengüeta, deja a relucir su seguridad y le resta importancia al calzado, dando a entender que la calidad está en el pie al que protege. Los botines nuevos generan desconfianza. Partiendo de la base y de la superstición, se cree que no es bueno estrenar botines en un partido, para eso -entre otras cosas- están los entrenamientos. Figúrese: un pibe con vincha, botines verde flúor a estrenar y medias hasta las rodillas, es sinónimo de un jugador menos. Nada bueno podrá salir de él, con el perdón de aquellos que así visten.
Yo prefiero, al menos en mi equipo, al jugador de botines negros y usados. Mientras más arruinados estén, mayor será la experiencia que tenga el portador. El desgaste indica incontables partidos en la espalda y muchas batallas en cancha de tierra. En definitiva, la vida de todo hombre es un trayecto hacia sí misma, la tentativa de un camino, la huella de los tapones sobre el verde césped.
El jugador que usa las medias bajas y prescinde de las canilleras, es guapo. Indefectiblemente lo hace para provocar al rival, mostrándole que no le teme, sino que lo espera. Hoy en día, lamentablemente, hay más jugadores con medias altas y canilleras que recubren hasta el tobillo; dejemos el pesimismo, las canilleras y las vinchas para tiempos mejores.
En la era de la tecnología, los jugadores jóvenes intentan esas gambetas de playstation. Ya no abundan los caños, las rabonas y los autopases porque un joystick no puede ponerlo en práctica. En tanto, con frecuencia podemos ver barridas que rozan la violencia, desbordes con centros que demuestran impaciencia y falta de recursos o pases atrás cuando se enfrenta al arquero, en lugar de tirarla larga o definir a un palo.

La verdad está en el viaje, no en el puerto; no hay más verdad que en la búsqueda de la verdad. El fútbol está en el toque y la elegancia, no en el resultado. No hay más fútbol que en la búsqueda del fútbol.