lunes, 20 de junio de 2016

Propuesta de censura

Voy a la cancha desde que tengo uso de razón; al principio me llevaba mi padrino -que es como mi padre-, luego iba acompañado del papá de mi hermanita y, desde hace más de diez años, voy solo o con amigos. Toda mi vida fui.
En tanto tiempo, he visto algunas cosas increíbles y otras inauditas. Recuerdo goles magníficos y burradas inexplicables. Diversas sensaciones y profundos sentimientos invadieron -todavía invaden- mi cuerpo: lloré, reí, amé, detesté, acompañé, alenté, festejé, entristecí, canté, prometí, recé, abracé y grité. Hice todo eso y también escuché. Oí canciones pegadizas que luego entoné durante días, meses y años, pero además tuve que soportar los gritos de algún que otro infradotado.
Luego de aguantar muchísimo tiempo la ira y cansado de putear por lo bajo -a veces no tanto-, decidí ponerme a pensar como podría censurar a los idiotas en las tribunas.
Considero positivo implementar árbitros -o jueces- vestidos de civil que determinen cuando haya que apercibir a los energúmenos. Propongo que se empilchen como un hincha más para no sufrir agravios por querer impartir justicia. No quisiera que existan los jueces de línea porque no conozco oficio más botón que ese, pero réferis tiene que haber; no es lo mismo la justicia que la alcahuetería. Figúrese: se le muestra una tarjeta amarilla al idiota que vocifera una estupidez u obviedad. Si llegase a repetir esta acción en otra oportunidad, se le enseña la tarjeta roja y tiene que retirarse del estadio. En caso de que largue un grito oportuno, un comentario sutil o un insulto gracioso, podría redimirse y, si así lo considerase el juez, se le quitaría la amonestación.
Al que le pida al técnico que se vaya, sugiero que se lo expulse del partido de forma directa por cobarde e incoherente. Ese imbécil que proponga la destitución del entrenador, cuando el jefe le ordena que se quede haciendo horas extras, no le suelta: “andate y no vuelvas más, cornudo, ladrón e hijo de puta”.
También tendría que ser echado el que exprese la siguiente frase: “le pegan todo el día a la pelotita y no dan un pase bien”. Esa expresión denota una falta de análisis en cuanto a los factores externos de la asistencia al pie del compañero y fomenta la ira en los entendidos del fútbol.
A las tres expulsiones en un mismo torneo, la comisión directiva debería interceder en la cuestión -hasta la AFA tendría que intervenir si fuese necesario- prohibiendo al socio o simpatizante el ingreso a la cancha durante la primera mitad del torneo siguiente. Habría que pregonar el derecho de admisión y permanencia en pos de una convivencia sana y plancentera en los tablones.
No puede valer lo mismo un grito al estilo de: “arquero, salí que es sábado” que la estupidez que involucra el trabajo de una persona, como por ejemplo: “pateá bien, forro, cobrás por pegarle a la pelota”.
Habría que premiar los comentarios sutiles como: “ocho, sos menos zurdo que Macri” y condenar al burdo orador que exclama a viva voz, sin fundamentos, que la esposa del árbitro se acuesta con quien se cruza, a menos que utilice la infalible comparación con Patricia Sosa, que se cogió a Mediavilla.
Quien se ensañe con un jugador rival que posteriormente haga un gol, debería marcharse por motu propio y si así no fuera, el juez tendría que determinar su retirada. Recomiendo, también, que se excluya de por vida al infeliz que grite un gol antes de que sea, siempre y cuando la pelota no entre al arco. No hay hincha menos hincha que ese y merece un castigo ejemplar.
Una vez escuché: “nueve, movete que te va a mear un perro” y me reí, pero luego me decepcioné cuando el autor de ese enunciado, completó: “es un tronco, por eso la analogía”. No hay cosa más triste y humillante que explicar un chiste. Esa acción es de tal bajeza que también debería derivar en una expulsión eterna de la tribuna.
Insto a las autoridades a que limpien la idiotez de los escalones del sentimiento y el aguante, para que sea más puro y razonable el amor por nuestra bandera -la que elija cada uno-. No quiero oír nunca más el famoso: “juez, metete la espumita en el orto” cuando el árbitro termina de contar los pasos que separa a la barrera. Habría que destacar al que en vez de gritarle a un defensor contrario que es de madera, exteriorice una sutileza como: “no le tiren aerosol, pónganle Blem” si es que se lesiona.

No tengo la fuerza ni la banca para llevarle esta propuesta a los poderosos de corbata que regulan cada partido oficial de fútbol que se disputa en Argentina. Si bien suelen tomar medidas extravagantes en lugar de apostar por la educación de la sociedad, no creo que ésto vaya a prosperar. En definitiva, las masas se controlan con mayor facilidad cuando son ignorantes las personas que las componen. Por eso vamos a seguir oyendo con frecuencia -y exasperación- que los delanteros no le hacen un gol ni al arcoíris, pero jamás escucharemos que el cinco recupera más que las Abuelas de Plaza de Mayo.  

miércoles, 15 de junio de 2016

Charisteas y su felicidad

Creo que hay muchas cosas que uno no puede explicar en esta vida y una de ellas es la amistad. No la amistad como vínculo que une a dos personas y entrelaza dos vidas para formar solo una. Me refiero a la amistad con ciertas personas. Charisteas es un tipo muy especial desde que lo conozco. Son unos cuantos años, menos de diez, pero compartimos muchos momentos importantes en nuestras vidas y nos hicimos muy amigos. Digo que es un tipo muy especial por sus valores, por sus actitudes y sus pensamientos. Me acuerdo de la semana pasada que estábamos discutiendo, mate en mano, y me largó que él prefería no salir campeón nunca antes que descender. Ese pensamiento deja a relucir sus ideas, su posición y su postura en esta vida.
-No puedo creer lo que me estás diciendo -me ofendí.
-¿Qué no entendés? Hay que asegurar la bocha.
-La vida no pasa por asegurar la bocha, Charisteas. Eso te lleva a la mediocridad, a ser uno más del montón. Uno tiene que tener sueños e ir por ellos, hasta incluso a veces conviene no alcanzarlos para seguir persiguiéndolos.
-¿Quién te creés que sos, Moisés, pelotudo? -me devolvió con esas salidas que solo él tiene.
-No entendés nada, Griego -intercedió Rodrigo, el portador de la bandera de la sensibilidad. Lo que quiere decirte es que si vos vas empatando de local y faltan quince minutos, tenés que poner tres delanteros.
Además de sensible, Rodrigo es un tipo muy futbolero. Tiene un ejemplo de la vida para el fútbol y uno del fútbol para la vida. Vincula ambos sitios donde él se siente cómodo, quizá sean los únicos sitios en los que le gusta estar. No comprende, la mayoría de las veces, que existen extremos opuestos en la vida y se niega a ver que uno de sus mejores amigos anda por esos pagos.
-Yo entiendo lo que me dicen, pero ustedes no me entienden a mí. Si uno sigue los sueños, como pide este pelotudo, puede no alcanzarlos y frustrarse. Entonces, a veces, es mejor dejar las cosas como están, conformarse con lo que uno tiene y esperar otra oportunidad o, tal vez, proponerse cosas más chicas que se puedan cumplir y así sentirse satisfecho.
-Eso es mediocridad, Griego. Mediocridad en estado puro. Preferís pelear por zafar del descenso que ser campeón o entrar en una copa -afirmó Rodrigo, indignado.
-No, boludo. Pelear por zafar no. Zafar. Para pelear, peleo el torneo. Prefiero salvarme y listo.
-Es lo que te estoy diciendo de perseguir los sueños -retomé mi ejemplo sentimental. Uno tiene que luchar por sus sueños, de eso se trata perseguirlos y no alcanzarlos. Hay que insistir y persistir, Chari, tenés que querer progresar. Apuntá más alto que vos podés.
Nunca me lo confesó, pero yo sé que le gusta que le diga Chari. Lo nombro de ese modo cuando quiero hacerle notar su grandeza o cuando intento convencerlo de algo que puede lograr. Casi todos le dicen Griego porque la familia viene de Atenas, pero desde la Eurocopa 2004 que ganó Grecia, le decimos Charisteas porque fue el goleador y héroe de ese equipo, o simplemente el más conocido. Chari es más cariñoso y sé que a él le gusta que lo llame de esa forma.
-Yo soy feliz así, no me rompan las bolas. Vos andá a buscar el partido, poné tres delanteros y que te rompan el culo en un contraataque. Y vos -señalándome a mi con el mentón- buscate un sueño, perseguilo para no alcanzarlo y perdete, como buen pelotudo que sos. Yo soy feliz así, con lo que tengo y disfruto. Tengo mi casa, mi mujer, mis discos y mis Libertadores. Ustedes tienen sueños, delanteros y torneos de verano.
-Si a tu mujer la cagás desde antes que la conocieras, Griego, dejate de hinchar las pelotas- se ofendió nuevamente Rodrigo, mientras ponía el agua para llenar otro termo.
-Ella no sabe nada. Ojos que no ven, corazón que no siente. Mientras no se entere, ella sigue siendo feliz y yo también. Obedezco a mi cuerpo, cumplo mis deseos, persigo los sueños como quiere el boludo éste. Si a mis sueños los conozco en un bar y tienen forma de mujer, los alcanzo.
-Si, hasta la casa los alcanzás -le respondí. Al pedo te casaste, para cagarla una vez cada quince días, tendrías que haber seguido soltero y evitar la culpa.
-Mirá si voy a tener culpa por cumplir mi sueño de un viernes. Si mi jermu no se entera, me cuido de que así sea, no existe la culpa porque no existe el dolor.
No lo voy a entender nunca; tiene una esposa divina que lo ama, pero es infiel hasta cuando está con ella. Es hincha de un club grande para asegurarse no descender y tener Libertadores en su vitrina, aunque algunas no haya visto. Yo soy de un equipo chico, estoy acostumbrado a perder, pero cuando ascendimos en Rosario y le ganamos a los cinco grandes en Primera, fue algo increíble. Charisteas no sabe de eso, le teme a lo desconocido, entonces asegura la bocha. El tipo es feliz, se le nota en la cara y en la voz. Quizá sea mi amigo porque es una persona que contagia esa alegría, pero debe ser chiquita su felicidad.
-Por eso jugás donde te ponen y no tenés un puesto definido -sentenció Rodrigo.
-¿Qué carajo tiene que ver eso? -devolvió el Griego, que estaba igual o más sorprendido que yo por esa conclusión.
-Claro, boludo, vos tenés los pies redondos. Si te ponen arriba, le errás hasta al suelo, y si te ponen abajo, te pegás vos solo. Entonces, te parás donde te dicen, hacés lo que te piden y no fracasás. No te lucís, nunca vas a ganar un partido vos solo, pero tampoco te van a culpar si salen mal las cosas.
-Yo solo no quiero ganar un partido, quiero que gane mi equipo y cumplo con mi tarea.
-Es lo que te estoy diciendo, Griego. En un equipo hacés lo que te ordenan tus compañeros; en tu laburo, cumplís con lo que te dice tu jefe; en tu casa te portás como quiere tu esposa y a cada uno le decís lo que quiere escuchar. Tratás de no prometer tanto para asegurarte cumplir con tu palabra y dejás contento a todo el mundo.
Es admirable la habilidad de Rodrigo para vincular al fútbol con la vida y viceversa, sobre todo porque tiene esa capacidad de ver las cosas que el resto no y es dueño de una humildad digna de los grandes. En los torneos que jugamos los sábados, me da la cinta porque dice que no se la merece, siente que el capitán tengo que ser yo porque le hablo a los muchachos y no él, que ordena al equipo y es el patrón en el medio de la cancha.
-¿Qué problema tenés? No jodo a nadie, soy feliz y punto. No me hinchen más las bolas.
-Me asombra la facilidad que tenés para ser feliz, Chari, pero lo que te queremos decir es otra cosa -expliqué. Con lo bueno que sos y la cabeza que tenés, sos muy conformista y eso te acerca a la mediocridad. Ojo, es mi forma de pensar, vos tenés tus fundamentos y los respeto.
-Se nota.
-En serio, los respeto y los destaco, pero no los comparto. Te ponés un techo muy bajo cuando sabés que podés llegar mucho más alto.
-¿Estás frecuentando las charlas de Claudio María Domínguez? No me rompan más los huevos, me tienen cansado. Me hablás de techo cuando vivís con tus viejos, piensen un poco en ustedes y déjenme en paz.
-No queremos que te enojes, boludo, te estamos tratando de decir que vayas a buscar el partido porque sabemos que lo podés ganar.
-La vida no es un partido, pelotudo. ¿Qué querés ganar en la vida? ¿Contra quién competís?
-Contra mí, Griego, contra mí compito. Tengo que ganarme todos los días, tengo que crecer y tengo que progresar. Me pongo esos objetivos, quiero salir campeón en mi vida. ¿Vos querés vivir para salvarte del descenso?
-Vivo para ser feliz, yo soy yo y estoy en el lugar que estoy. En el lugar que me pongan o donde me toque estar, voy a dar de mi lo que necesiten y lo que pueda. Les pido por favor que no me jodan más, en serio. Soy feliz así, tengo lo que necesito y no le debo nada a nadie.

No le contestamos más. Rodrigo siguió cebando mates y prendió la tele porque empezaba el partido de la selección. Charisteas fue al baño, hizo ese ritual que tiene de lavarse las manos, mojarse la cara y no secarse. Yo me quedé pensando en la charla y en los amigos que tengo, los que elegí y a veces no comprendo. Si quiero la felicidad para mis amigos, tengo que entender que el Griego es así, cumple cuando le piden. Rodrigo es protagonista, nació para eso, para ir a buscar la vida y la pelota. Yo trato de aprender de los dos, intento tener la seguridad de Charisteas y busco absorber la sensibilidad y el afán de progresar que tiene Rodrigo. Al fin y al cabo, en el torneo de los sábados, los quiero a los dos para mi equipo.