Creo
que hay muchas cosas que uno no puede explicar en esta vida y una de
ellas es la amistad. No la amistad como vínculo que une a dos
personas y entrelaza dos vidas para formar solo una. Me refiero a la
amistad con ciertas personas. Charisteas es un tipo muy especial
desde que lo conozco. Son unos cuantos años, menos de diez, pero
compartimos muchos momentos importantes en nuestras vidas y nos
hicimos muy amigos. Digo que es un tipo muy especial por sus valores,
por sus actitudes y sus pensamientos. Me acuerdo de la semana pasada
que estábamos discutiendo, mate en mano, y me largó que él
prefería no salir campeón nunca antes que descender. Ese
pensamiento deja a relucir sus ideas, su posición y su postura en
esta vida.
-No
puedo creer lo que me estás diciendo -me ofendí.
-¿Qué
no entendés? Hay que asegurar la bocha.
-La
vida no pasa por asegurar la bocha, Charisteas. Eso te lleva a la
mediocridad, a ser uno más del montón. Uno tiene que tener sueños
e ir por ellos, hasta incluso a veces conviene no alcanzarlos para
seguir persiguiéndolos.
-¿Quién
te creés que sos, Moisés, pelotudo? -me devolvió con esas salidas
que solo él tiene.
-No
entendés nada, Griego -intercedió Rodrigo, el portador de la
bandera de la sensibilidad. Lo que quiere decirte es que si vos vas
empatando de local y faltan quince minutos, tenés que poner tres
delanteros.
Además de sensible, Rodrigo es un tipo muy futbolero. Tiene un ejemplo de la vida para el fútbol y uno del fútbol para la vida. Vincula ambos sitios donde él se siente cómodo, quizá sean los únicos sitios en los que le gusta estar. No comprende, la mayoría de las veces, que existen extremos opuestos en la vida y se niega a ver que uno de sus mejores amigos anda por esos pagos.
-Yo entiendo lo que me dicen, pero ustedes no me entienden a mí. Si uno sigue los sueños, como pide este pelotudo, puede no alcanzarlos y frustrarse. Entonces, a veces, es mejor dejar las cosas como están, conformarse con lo que uno tiene y esperar otra oportunidad o, tal vez, proponerse cosas más chicas que se puedan cumplir y así sentirse satisfecho.
Además de sensible, Rodrigo es un tipo muy futbolero. Tiene un ejemplo de la vida para el fútbol y uno del fútbol para la vida. Vincula ambos sitios donde él se siente cómodo, quizá sean los únicos sitios en los que le gusta estar. No comprende, la mayoría de las veces, que existen extremos opuestos en la vida y se niega a ver que uno de sus mejores amigos anda por esos pagos.
-Yo entiendo lo que me dicen, pero ustedes no me entienden a mí. Si uno sigue los sueños, como pide este pelotudo, puede no alcanzarlos y frustrarse. Entonces, a veces, es mejor dejar las cosas como están, conformarse con lo que uno tiene y esperar otra oportunidad o, tal vez, proponerse cosas más chicas que se puedan cumplir y así sentirse satisfecho.
-Eso
es mediocridad, Griego. Mediocridad en estado puro. Preferís pelear
por zafar del descenso que ser campeón o entrar en una copa -afirmó
Rodrigo, indignado.
-No,
boludo. Pelear por zafar no. Zafar. Para pelear, peleo el torneo.
Prefiero salvarme y listo.
-Es
lo que te estoy diciendo de perseguir los sueños -retomé mi ejemplo
sentimental. Uno tiene que luchar por sus sueños, de eso se trata
perseguirlos y no alcanzarlos. Hay que insistir y persistir, Chari,
tenés que querer progresar. Apuntá más alto que vos podés.
Nunca
me lo confesó, pero yo sé que le gusta que le diga Chari. Lo nombro
de ese modo cuando quiero hacerle notar su grandeza o cuando intento
convencerlo de algo que puede lograr. Casi todos le dicen Griego
porque la familia viene de Atenas, pero desde la Eurocopa 2004 que
ganó Grecia, le decimos Charisteas porque fue el goleador y héroe
de ese equipo, o simplemente el más conocido. Chari es más cariñoso
y sé que a él le gusta que lo llame de esa forma.
-Yo
soy feliz así, no me rompan las bolas. Vos andá a buscar el
partido, poné tres delanteros y que te rompan el culo en un
contraataque. Y vos -señalándome a mi con el mentón- buscate un
sueño, perseguilo para no alcanzarlo y perdete, como buen pelotudo
que sos. Yo soy feliz así, con lo que tengo y disfruto. Tengo mi
casa, mi mujer, mis discos y mis Libertadores. Ustedes tienen sueños,
delanteros y torneos de verano.
-Si
a tu mujer la cagás desde antes que la conocieras, Griego, dejate de
hinchar las pelotas- se ofendió nuevamente Rodrigo, mientras ponía
el agua para llenar otro termo.
-Ella
no sabe nada. Ojos que no ven, corazón que no siente. Mientras no se
entere, ella sigue siendo feliz y yo también. Obedezco a mi cuerpo,
cumplo mis deseos, persigo los sueños como quiere el boludo éste.
Si a mis sueños los conozco en un bar y tienen forma de mujer, los
alcanzo.
-Si,
hasta la casa los alcanzás -le respondí. Al pedo te casaste, para
cagarla una vez cada quince días, tendrías que haber seguido
soltero y evitar la culpa.
-Mirá
si voy a tener culpa por cumplir mi sueño de un viernes. Si mi jermu
no se entera, me cuido de que así sea, no existe la culpa porque no
existe el dolor.
No
lo voy a entender nunca; tiene una esposa divina que lo ama, pero es
infiel hasta cuando está con ella. Es hincha de un club grande para
asegurarse no descender y tener Libertadores en su vitrina, aunque
algunas no haya visto. Yo soy de un equipo chico, estoy acostumbrado
a perder, pero cuando ascendimos en Rosario y le ganamos a los cinco
grandes en Primera, fue algo increíble. Charisteas no sabe de eso,
le teme a lo desconocido, entonces asegura la bocha. El tipo es
feliz, se le nota en la cara y en la voz. Quizá sea mi amigo porque
es una persona que contagia esa alegría, pero debe ser chiquita su
felicidad.
-Por
eso jugás donde te ponen y no tenés un puesto definido -sentenció
Rodrigo.
-¿Qué
carajo tiene que ver eso? -devolvió el Griego, que estaba igual o
más sorprendido que yo por esa conclusión.
-Claro,
boludo, vos tenés los pies redondos. Si te ponen arriba, le errás
hasta al suelo, y si te ponen abajo, te pegás vos solo. Entonces, te
parás donde te dicen, hacés lo que te piden y no fracasás. No te lucís, nunca vas a ganar un partido vos solo, pero tampoco te van
a culpar si salen mal las cosas.
-Yo
solo no quiero ganar un partido, quiero que gane mi equipo y cumplo
con mi tarea.
-Es
lo que te estoy diciendo, Griego. En un equipo hacés lo que te
ordenan tus compañeros; en tu laburo, cumplís con lo que te dice tu
jefe; en tu casa te portás como quiere tu esposa y a cada uno le
decís lo que quiere escuchar. Tratás de no prometer tanto para
asegurarte cumplir con tu palabra y dejás contento a todo el mundo.
Es
admirable la habilidad de Rodrigo para vincular al fútbol con la
vida y viceversa, sobre todo porque tiene esa capacidad de ver las
cosas que el resto no y es dueño de una humildad digna de los
grandes. En los torneos que jugamos los sábados, me da la cinta
porque dice que no se la merece, siente que el capitán tengo que ser
yo porque le hablo a los muchachos y no él, que ordena al equipo y
es el patrón en el medio de la cancha.
-¿Qué
problema tenés? No jodo a nadie, soy feliz y punto. No me hinchen
más las bolas.
-Me
asombra la facilidad que tenés para ser feliz, Chari, pero lo que te
queremos decir es otra cosa -expliqué. Con lo bueno que sos y la
cabeza que tenés, sos muy conformista y eso te acerca a la
mediocridad. Ojo, es mi forma de pensar, vos tenés tus fundamentos y
los respeto.
-Se
nota.
-En
serio, los respeto y los destaco, pero no los comparto. Te ponés un
techo muy bajo cuando sabés que podés llegar mucho más alto.
-¿Estás
frecuentando las charlas de Claudio María Domínguez? No me rompan
más los huevos, me tienen cansado. Me hablás de techo cuando vivís
con tus viejos, piensen un poco en ustedes y déjenme en paz.
-No
queremos que te enojes, boludo, te estamos tratando de decir que
vayas a buscar el partido porque sabemos que lo podés ganar.
-La
vida no es un partido, pelotudo. ¿Qué querés ganar en la vida?
¿Contra quién competís?
-Contra
mí, Griego, contra mí compito. Tengo que ganarme todos los días,
tengo que crecer y tengo que progresar. Me pongo esos objetivos,
quiero salir campeón en mi vida. ¿Vos querés vivir para salvarte
del descenso?
-Vivo
para ser feliz, yo soy yo y estoy en el lugar que estoy. En el lugar
que me pongan o donde me toque estar, voy a dar de mi lo que
necesiten y lo que pueda. Les pido por favor que no me jodan más, en
serio. Soy feliz así, tengo lo que necesito y no le debo nada a
nadie.
No
le contestamos más. Rodrigo siguió cebando mates y prendió la tele
porque empezaba el partido de la selección. Charisteas fue al baño,
hizo ese ritual que tiene de lavarse las manos, mojarse la cara y no
secarse. Yo me quedé pensando en la charla y en los amigos que
tengo, los que elegí y a veces no comprendo. Si quiero la felicidad
para mis amigos, tengo que entender que el Griego es así, cumple
cuando le piden. Rodrigo es protagonista, nació para eso, para ir a
buscar la vida y la pelota. Yo trato de aprender de los dos, intento
tener la seguridad de Charisteas y busco absorber la sensibilidad y
el afán de progresar que tiene Rodrigo. Al fin y al cabo, en el
torneo de los sábados, los quiero a los dos para mi equipo.
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